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Qué sabe Google del presunto autor del incendio de Seseña (y de la mayoría de nosotros)

Qué sabe Google del presunto autor del incendio de Seseña (y de la mayoría de nosotros)

El caso del incendio de millones de neumáticos en Seseña depende de Google. Hace tres años una enorme columna de humo salía de un descampado entre Valdemoro y Seseña (Toledo). El caso sigue sin estar resuelto a falta de que Google responda a una solicitud de hace más de un año del Juzgado número 7 de Valdemoro (Madrid), según publicaba EL PAÍS el pasado domingo.

Esta petición sirve para entender mejor la colaboración habitual con la policía y los tribunales de una empresa que lo sabe casi todo de nosotros.

1. Por qué se recurre a Google en el caso de Seseña. Google es un recurso raro en España para localizar dónde estaban presuntos delincuentes el día del delito. Hay una alternativa más cercana: «Muchas veces se acude a las operadoras. Con el identificador del terminal solicitas la triangulación con las antenas de telefonía móvil y como las prestadoras están en España te contestan más rápido», dice Sergio Carrasco, abogado de derecho tecnológico.

Pero en este caso las antenas no bastan. En zonas no urbanas la triangulación suele acotar solo radios de varios kilómetros. Es decir, el presunto autor podría haber estado al lado de los neumáticos o a cinco kilómetros de allí. Otra solución que dan las antenas es calcular cuánto ha tardado alguien en moverse entre dos puntos. El principal imputado del caso tiene una coartada para explicar por qué estuvo tanto rato detenido entre dos antenas cerca del lugar del incendio: ese día, dice, paró a dormir «una hora y pico» en una gasolinera «que está a unos ocho o nueve kilómetros» del descampado, según publicó EL PAÍS en 2017.

Las antenas no aclaran por tanto si realmente estuvo durmiendo en la gasolinera o prendiendo fuego a los neumáticos. El siguiente paso es Google.

Ejemplo del Historial de Localización de Google. La información incluye el medio de transporte más probable y las direcciones donde el usuario se detiene.


Ejemplo del Historial de Localización de Google. La información incluye el medio de transporte más probable y las direcciones donde el usuario se detiene.

2. Qué sabe Google de nuestra localización. Casi todo. Google tiene una herramienta que se llama «Historial de localización». Cada usuario debe activarla en su móvil, pero se pide muchas veces: para mejorar las búsquedas, localizar fotos o navegar mejor por Maps. Si se consiente, Google es una memoria impecable de nuestra actividad: dónde se ha estado, cuánto rato, cómo se ha llegado allí. En la imagen de la izquierda se puede ver lo que hizo este periodista por Madrid el día del incendio de Seseña en 2016. Google da también una clasificación de «los lugares que más has visitado», es decir, la casa o casas, el lugar de trabajo. Es un modo perfecto de defender que alguien va mucho a ver a su madre o de saber cuál es tu bar preferido. Es una implacable biografía geográfica.

Pero si no se activa el historial de localización, Google también sabe. Según una investigación de la agencia AP en 2018, Google tiene otros métodos para saber la localización de los cientos de millones de usuarios de sus aplicaciones: «Incluso con el Historial de Localización en pausa, algunas apps de Google automáticamente almacenan la localización con su fecha y hora sin preguntar». Este proceso es menos preciso que la localización, pero viene de serie y es engorroso de bloquear bien. Es poco probable que el sospechoso por el incendio de Seseña lo hubiera hecho. Si Google lo tiene en realidad o no, solo Google lo sabe.

3. Cuánto tarda Google en responder. Tarda mucho. Google podría por tanto fácilmente ayudar a resolver el caso. ¿Llegará a tiempo? Quién sabe. Si fuera Estados Unidos, sería mucho más probable. En el primer semestre de 2018, Google recibió de España 1.098 solicitudes legales donde se pedía información de 1.642 cuentas de usuarios. La empresa respondió el 49%. En el mismo periodo de 2018 las autoridades de Estados Unidos recurrieron 20.936 veces a Google para pedir datos de 62.142 cuentas. La empresa entregó datos en un 82% de las veces.

El trámite legal para pedir información desde España es largo y requiere la intervención de la justicia estadounidense

La razón es sencilla: Google es una empresa estadounidense. El trámite legal para pedirles información desde España es largo y requiere la intervención de la justicia de su país: «Un gobierno de otro país puede pedir al gobierno de Estados Unidos que le ayude a obtener pruebas de entidades de Estados Unidos, incluidas empresas como Google. Si el gobierno de Estados Unidos aprueba la solicitud, Google responderá a ella», explica la web de la compañía.

«He tenido varios casos penales con peticiones a Google y no recuerdo haber usado información de su respuesta», dice David Maeztu, del bufete 451.Legal. En el caso más reciente, «la abogada lo reclamó tres veces e incluso pidió al juez que impusiera una sanción a Google», añade. Pero en casi tres años nunca llegó nada: la sentencia ya está dictada y Google nunca respondió. En el caso de Seseña, por tanto, el plazo está aún dentro de lo razonable.

En Estados Unidos los plazos son mucho más breves, incluso de semanas según informaciones de medios locales que narran crímenes que Google ha intentado ayudar a resolver. Tiene que ver, según Maeztu, con la capacidad coercitiva de las autoridades.

4. Cuándo opta por colaborar. Además de la petición a favor del Gobierno de EE UU, luego Google puede delimitar o retocar la petición o decir que no tiene esa información por algún motivo. Las peticiones a Google pueden ser historial de navegación, actividad o contenido de una cuenta de email, búsquedas recientes. La localización es solo una opción.

Es probable que en casos graves como terrorismo o narcotráfico, Google esté más predispuesto.

En Estados Unidos, de nuevo, es distinto. La ayuda llega incluso en casos donde aún no hay sospechosos. Varios medios han contado lo que llaman una petición «geolimitada». En robos de casas, incendios u homicidos, la policía pide a Google todos los rastros de los móviles que estaban dentro de una zona delimitada con unas coordenadas. Google responde con datos anonimizados. Si la policía descubre algún patrón delictivo o ve que hay algún número que estuvo antes en otro lugar sospechoso –gracias también a datos de Google–, pide más detalles de esos móviles. Si siguen viendo que puede ser de un culpable, piden la identificación del propietario.

En estas peticiones masivas, obviamente, la mayoría de usuarios que aparece es inocente. Es una opción muy tentadora para la policía. Hay organizaciones de derechos humanos preocupadas por el excesivo uso de un principio básico de la relación entre policía y empresas tecnológicas: «Si lo haces, vendrán». Si las empresas tecnológicas tienen un sistema para rastrear, la policía acabará por llamar a la puerta para pedirlo. En España, de momento, la precisión aún depende de las antenas.



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