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De un pueblo de Girona a ser el Iniesta de los eSports

De un pueblo de Girona a ser el Iniesta de los eSports

«Me llamó desde Chicago y me dijo que yo le gusté porque jugaba con cojones», dice Óscar Mixwell Cañellas. «En el partido eras el que tirabas para adelante», añade. Mixwell hablaba con el capitán de un potente equipo norteamericano, que le había contactado para ficharle después de jugar un partido que iba a cambiar su carrera.

Mixwell es la gran estrella española de Counter-Strike GO (CS:GO), uno de los dos juegos de eSports más seguidos en Europa y América, junto a League of Legends. El CS:GO es un juego de tiros y algo de estrategia con cinco jugadores por equipo. «Mixwell es un Messi que destaca tanto que puede hacerte ganar mucho dinero. Ahora mismo no hay nadie a su nivel en España», dice Eric Diablo Murillo, consultor con más de 15 años en eSports.

La llamada desde Estados Unidos fue para ir a jugar en el Optic. En 2016, con 19 años, a Mixwell le ofrecieron 4.500 dólares al mes y cogió la maleta y se fue a Chicago. Allí llevó al equipo del 20 del mundo al 2. En 2018 Optic se desmembró y Mixwell decidió volver. Movistar Riders, equipo basado en Madrid, le igualó el salario: «No pensaba que un jugador como Mixwell estuviera a nuestro alcance», dice Fernando Piquer, fundador de los Riders.

Las esperanzas de Piquer son claras: «Es como traerse a Pau Gasol cuando ganaba anillos en la NBA», dice. El entrenador de los Riders, Gálder bladE Bárcena, aún tiene una comparación mejor: «Imagina que con 25 años Iniesta deja el Barça y en lugar de ir al Manchester United va al Albacete para subirlo de 2ªB a Primera y luego jugar la Champions», dice.

De momento nada de eso ha ocurrido. Los Riders estaban en el puesto 235 del mundo en el verano de 2018, cuando llegó Mixwell. Ahora están en el 37 y su lugar más alto ha sido el 32. Pero para jugar en la primera división mundial de CSGO hay que estar cerca de los diez primeros. «El reto es muy chungo», dice Mixwell. «Los jugadores que están arriba no están dispuestos a bajarse otra vez para volver a subir».

Mixwell lo ha hecho en el apogeo de su carrera. Es una apuesta que puede salir bien o mal. Este fin de semana tienen en la Blast Pro de Madrid una oportunidad de subir en el ránking. Pero el objetivo real es a medio plazo: jugar en la Champions del CS:GO, la Pro League.

Un cuento de hadas

¿Qué pasó en el partido que cambió la vida de Mixwell? El 20 de febrero de 2016 en el Mobile World Congress de Barcelona, Mixwell jugaba entonces en los gBots, el mejor equipo español del momento: «Ganamos cuatro veces la liga española sin perder ni un mapa. Es como ganar siempre 6-0 6-0 en tenis», recuerda. A aquel torneo venía el mejor equipo del mundo, los suecos de Fnatic. Para los suecos, aquello era como si el Real Madrid va a jugar una pachanga en una feria en Argelia.

«Para ellos éramos unos mataos», dice Mixwell. Pero los pulgarcitos se subieron a las barbas del gigante.

«Para ellos éramos unos mataos», dice Mixwell. Pero los pulgarcitos se subieron a las barbas del gigante. Mixwell sabía cada paso, cada tiro o bomba que iban a lanzar los suecos. «Yo veía todos sus partidos. Sabía cuándo jugármela, cuándo uno de ellos tardaba 5 segundos en un ir de un sitio a otro, cuándo podía buscar un tiro o podía disparar entre el humo tras 30 segundos», explica. Era la estrategia de alguien muy obsesionado: «Mi nivel era enfermizo. Veía caer humo del aire y gritaba a mis compañeros: ‘¡Hacen la táctica 3 2 B!’ Había rondas en las que no nos mataban ni a uno», recuerda.

Un jugador de Fnatic vio el desastre y empezó a cambiar su comportamiento habitual. Si normalmente usaba una táctica, la cambiaba. Fnatic acabó ganando. Pero el día quedó para la historia local de los eSports: «gBots pone en entredicho la hegemonía de Fnatic en un duelo memorable», tituló Europa Press su teletipo.

De un pueblo perdido

Mixwell tenía entonces 19 años, pero llevaba una década preparándose. Creció entre Girona y dos pueblos de la costa Brava, Calonge y Palamós. Empezó a jugar a los cinco años porque su hermano diez años mayor era uno de los mejores jugadores españoles de Day of Defeat, otro juego. A principios de los 2000, los videojuegos en España eran amateur. Pero Mixwell quería jugar en estadios: «Me gustaba competir, la sensación de ser el mejor, de buscar el reconocimiento», dice.

Su camino es un buen ejemplo de una obsesión humilde con final feliz. El hotel donde trabajaba su madre quebró un invierno y en esa época en Calonge no había trabajo: «Vivíamos con el sueldo de mi padrastro para pagar el alquiler y comida. Aquel año estuvimos sin luz ni agua caliente durante 6 o 7 meses. Tuve que dejar de jugar», dice. Mantenía la forma viendo partidos en la biblioteca con la tableta del colegio.

Mixwell jugaba siempre que no estaba en el colegio: 9, 10 horas al día. «Era el friki que jugaba desde niño. En el instituto empezaron mis amigos con el World of Warcraft. Pero jugaban una hora, no nueve. La gente no lo entendía. Prefería no hablar del tema porque te creaba problemas», dice. Las notas de Mixwell habían sido buenas y empezaron a caer. Los profesores llamaron a casa.

¿Cuánto gana un jugador así?

Movistar Riders prefiere no dar la cifra, pero EL PAÍS ha podido confirmar de dos fuentes que su sueldo anual supera los 100.000 euros. En premios durante su carrera, Mixwell ha ganado 210.000 euros. Ningún otro jugador español de CSGO ha ganado esa cifra ni grandes torneos internacionales. En activo hay otros dos jugadores que han logrado algo más de dinero, pero en otros dos juegos: ‘Mithy’ en League of Legends y ‘Goga’ en Rainbow 6, un juego con menos torneos competitivos. «No me retiraré hasta ser el primero», dice Mixwell.

Esas cantidades son solo los premios. Luego están los sueldos y los esponsors. De los 4.500 dólares iniciales en Optic, a Mixwell le subieron el sueldo cuatro veces según subía el ránking del equipo.

Aquel niño ya había decidido que de mayor iba a ser jugador de videojuegos. «A los 16 años convoqué una reunión a mi familia y les dije que iba a hacer un all in [darlo todo] y no seguir estudiando después del bachillerato. Antes tuve que ganar la liga española para que lo entendieran». Era una apuesta poco segura: en 2009 nadie en España se ganaba la vida con videojuegos. Solo una década después los jugadores del mejor equipo del mundo, los daneses de Astralis, han ganado millón y medio de dólares en premios desde 2016.

¿Pero esto es un deporte?

Hay un debate insistente sobre si los eSports son un deporte. Solo viendo el aspecto de los jugadores campeones ya se ve que no es un juego físico ni al aire libre. Pero el esfuerzo competitivo y la presión sí son similares.

La historia de Mixwell es de superación de retos y esfuerzo. Su esfuerzo no es estrictamente físico, pero su obsesión por competir y ganar sí lo es. Mixwell es un tipo que se esfuerza por dar imagen de serio, pero también tiene ese tono de arrogante de quien crees saber dónde va mejor que el resto. Su confianza en su talento sin menospreciar el de los rivales es un gran ejemplo de competitividad.

Cuando Mixwell empezó a jugar a CS:GO, tuvo un problema. Había estado jugando al Day of Defeat, el juego de su hermano mayor. En el Day si te matan, vuelves a aparecer en base. Pero en CS:GO, no: si mueres, mueres. «Pasé de un juego en que morir no era tan importante a uno en que era muy importante», dice. «Noté que en los uno contra uno me ponía muy nervioso y me apunté a competiciones solo de uno contra uno para forzarme. Acabé por ir el primero en la liga española de uno contra uno 44 a 0», añade. Es el tipo de obsesión que tienen los grandes jugadores.

Hasta sus «cojones» tienen una explicación que puede adaptarse a otros deportes: la decisión. «Sé muy bien cuándo me la tengo que jugar y cuándo no. Y nunca tirar atrás. Si debo hacerlo lo hago y ya está», dice.

¿Por qué se miran partidas de videojuegos?

No es tan raro. «La gente se pregunta cómo es posible que estos chavales se pongan a ver jugar en lugar de jugar ellos. Si se cambia la palabra videojuego por fútbol se entiende», dice Piquer, fundador de los Riders. Los eSports parecen una respuesta magnífica a una generación nacida con ordenadores, donde la exactitud del software y la fascinación por los mundos dentro de la pantalla son necesidades nuevas.

Esto no ha hecho más que empezar. Los chavales que ahora están en la cima en Europa ganan dinero de verdad desde hace apenas tres años. El mismo modo de jugar está por descubrir. El gran mérito del hoy mejor club del mundo, Astralis, que se fundó solo en 2016, es jugar como un equipo. Hay mucho trabajo de estrategia. Cada jugador debe memorizar docenas de posiciones y acciones. «Eso nadie lo explica en Youtube», dice Mixwell, cuyo mérito para los Riders es en parte haber importado conocimientos técnicos de su etapa norteamericana.

Astralis tiene como director deportivo a Kasper Hvidt, un portero de balonmano que jugó una década en España y fue campeón del mundo. Junto al psicólogo, ayuda a los jugadores a mejorar sus prestaciones bajo tensión.

Todos estos jugadores tuvieron lío con sus padres cuando empezaban con cuatro o cinco años. Pero hoy, algo más de una década después, las mismas escuelas danesas empiezan a prestar atención a los videojuegos como herramienta de formación.



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